He decidido alejarme, alejarme de él y de todos los que me lo recuerden. Se que finalmente quedaré mas sola que nunca, pero qué le voy a hacer si ese ha de ser mi destino. Tal vez para eso debería renunciar a mis actividades, pero se que no sería correcto; luché tanto por lograr estar donde estoy, me tomó demasiado tiempo y esfuerzo ingresar para realizar mis sueños. Abandonarlo todo ahora sería tonto, pero tal vez sea la única solución.
Siento que no soy fuerte, que no podré sobrellevarlo, me cuesta mucho ser indiferente, me duele mucho esa indiferencia, ese silencio, extraño tanto su atención, su voz, su compañía... Era tan lindo cuando nada de esto había pasado, estaba conmigo, compartíamos el tiempo, reíamos a más no poder, nos entregábamos al ocio y siento que éramos en verdad felices. Pero todo eso acabó para sobrevenir el silencio, el odio y el llanto.
Yo no lo odio, no podría, pero él si a mi; pues siento que su indiferencia me está calando profundamente en el alma. Hoy al llegar, me miró fijamente de una forma encantadora, el volver a ver sus ojos me hizo volar, no pude evitar sonreirle y él me correspondió. Los minutos siguientes me sirvieron para soñarlo y adorarlo, lo sentí otra vez mi amigo, sentí que hicimos la tregua. Sin embargo, pasaron las horas y no volvió a fijarse en mi, me ignoró por completo, haciendo que pierda el interés en todo cuanto me rodea. No puedo fingir, no soy buena para eso, y se que si alguien alguna vez me interroga callaré y si insisten tal vez eche a llorar y no quiero llegar a eso, no es bueno para nadie.
Y para variar, aún en este momento espero a que se conecte, para poder platicarle asi sea ala distancia y ante la frialdad de una máquina, pero ha pasado una hora y aún no llega y solo me queda la certeza que lo seguiré esperando infinitamente, que se tome el tiempo que necesite, que yo seguiré aquí a su espera...
Se que debería encararlo, pero se que él no se atreverá, pues su inmadurez se lo impide. Mientras tanto, yo seguiré siendo la víctima de su venganza, de ese odio no reconocido, de esa actitud hostil e indiferente. Y yo seguiré soportando en silencio de manera estoica y muda sus cambios de humor, su alegría y su furia... pero esta vez a la distancia, desde lejos, como simple espectadora del que alguna vez fue mi amigo y de quienes lo rodean también.
Y desde esta mi ventana, seguiré desahogando mis tormentos, mis inquietudes y mis penas, tal vez para nadie o tal vez para alguien que no conozco y que cada día espere el pedacito de mi alma que me toque desprender...